La mayoría de nosotros vivimos ajenos a todos los productos tóxicos que nos rodean y que perjudican seriamente nuestra salud sin darnos cuenta. Estos elementos pueden ser evidentes para nosotros o pueden ser más difíciles de detectar. Pensamos que los alimentos que ingerimos, las cremas y los cosméticos, los productos de limpieza que utilizamos en el hogar, y ya en un contexto más amplio, la contaminación ambiental, la electricidad, entre otros factores, no nos afectan en absoluto, y no nos paramos a pensar si alguna de estas cosas es perjudicial para nuestra salud. Creemos que como convivimos con ellos y los gobiernos permiten que existan en nuestras vidas, deben estar controlados de alguna manera. Asumimos que todo es seguro y que todo está bien, pero ¿está todo bien? Si lo analizamos con detenimiento, nos podemos sorprender de la cantidad de productos cotidianos que pueden hacer daño a nuestro cuerpo.
Cuando las toxinas de estos elementos entran en nuestro cuerpo, bien a través de la respiración, la comida o nuestra piel, deben ser eliminadas por nuestro organismo antes de que se conviertan en un veneno y circulen felizmente por todo el cuerpo causando daños irreparables. Los órganos encargados de esta tarea de desintoxicación trabajan día y noche para eliminar todos los desechos, y eso requiere que el organismo utilice las reservas de energía que obtiene a través de los alimentos. Si los alimentos que ingerimos no son sanos o suficientemente nutritivos, las reservas de energía y nutrientes se agotarán rápidamente, al tener que usarlas el organismo con frecuencia. En consecuencia, nos sentiremos cansados y fatigados a menudo.
Algunas toxinas tardarán más tiempo en ser expulsadas del organismo, como por ejemplo los metales pesados, y costarán más trabajo al hígado y a otros órganos eliminarlos, causando daños y otros problemas de salud a largo plazo.
Estos son algunos elementos tóxicos, dignos de mención, que nos acompañan en nuestro día a día como compañeros silenciosos:
- Conservantes químicos que llevan los alimentos para que duren más.
- Pesticidas, fertilizantes y otros productos químicos para las plantas del hogar. Estos productos también se utilizan en las cosechas de los alimentos que comemos para protegerlas de los insectos.
- Los sprays para insectos y ambientadores para el hogar. Pueden oler bien pero no son para nada saludables. Una opción más adecuada sería abrir las ventanas para permitir que entre aire limpio en la habitación o colocar algún trozo de limón o flores aromáticas naturales para perfumar las estancias.
- Los detergentes que utilizamos para lavar nuestra ropa y nuestra vajilla.
- La pasta de dientes y productos para la higiene personal.
- El humo de los fumadores que nos rodean, o del humo propio si eres fumador. Considera dejar de fumar, los cigarrillos no tienen más que tóxicos adictivos para que no puedas dejar este hábito.
- Contaminación ambiental producida por los medios de transporte que usamos y las fábricas en las áreas industriales, especialmente si vives cerca de aeropuertos o zonas industriales.
- Habitaciones con polvo, o donde hay animales que puedan transmitir enfermedades.
- Lacas del pelo y desodorantes, mejor utilizar los que no contengan aluminio.
- Vapores desprendidos por las pinturas y algunos materiales de construcción.
- Vapores desprendidos por limpiadores, pegamentos y rotuladores y que inhalamos durante el uso de los mismos.
- El agua del grifo puede contener productos tóxicos para mantener la salubridad del agua y acabar con las bacterias. Lo ideal sería que utilizáramos filtros.
- Por último, pero no menos importante, los alimentos que ingerimos, los medicamentos sintéticos, cosméticos, maquillajes y otros productos de nuestra higiene diaria.
Muchos de estos tóxicos podrían ser fácilmente evitados. Para estos ejemplos y otros que no he mencionado aquí, ofreceré en próximos posts algunos consejos ecológicos alternativos para poder sustituirlos y contribuir así a la preservación del medioambiente.
Si comienzas a sentirte cansado, te cuesta pensar con claridad, te duele la cabeza o alguna otra parte del cuerpo o enfermas con frecuencia, es hora de pararse a pensar un poco en nuestros hábitos de vida y los productos que consumimos y tal vez haya que cambiarlos.
Como vemos, el mundo entero necesitaría un buen sistema para su desintoxicación.
Empecemos pues con las cosas más sencillas de eliminar, que puedan ser sustituidas fácilmente por alternativas más saludables. Esa será nuestra pequeña aportación para la construcción de un mundo más ecológico y sostenible.
En el próximo post comentaré algunos consejos prácticos para desintoxicarse de las toxinas, así como recetas naturales alternativas.
¡Hasta la próxima!
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